¿Por qué nuestro aislamiento colectivo es útil para el capitalismo?

Se preguntarán por qué nuestro aislamiento colectivo es útil para el capitalismo y no solo eso, también contribuye a perpetuar la violencia contra las mujeres.


En publicaciones pasadas hemos hablado sobre qué es el aislamiento colectivo y por qué todas nosotras, de una u otra forma estamos constantemente expuestas a él. En esta ocasión quisimos hablarles un poquito más sobre cómo se relaciona con el capitalismo y los resultados negativos que este tiene sobre las mujeres.


Tal vez uno de los puntos cruciales del argumento está en entender a las mujeres y el rol de género que socialmente se nos ha asignado con la figura de la madre y ama de casa. Aunque muchas podrían decirnos que esta figura es algo del pasado que va desapareciendo poco a poco (tema del que hablaremos con más detalle después), nosotras quisiéramos preguntarles, ¿realmente está desapareciendo?

No. No está desapareciendo porque es indispensable para el mundo.

Para que juntas podamos entender la magnitud del problema es necesario repetirnos varias veces que el sistema capitalista para existir NECESITA de cuerpos explotados que generen riqueza a la que nunca podrán acceder. Sin esta explotación en sus diferentes dimensiones (de clase, raza, género, por ejemplo) simplemente no podría existir la riqueza y la desigualdad que vemos hoy en día.


En cuanto a las formas “modernas” de explotación, un factor muy importante está en que las personas explotadas no sientan que están siendo explotadas, ni mucho menos que sepan que sin su trabajo el sistema para el que trabajan no se sostiene. Es por esto que es muy importante que quienes están viviendo la explotación no estén conscientes de ello y se mantengan de una u otra forma en aislamiento (si no es físico por lo menos mental) de quienes viven lo mismo.


En la charla que tuvimos hace unas semanas, Iraís Fuentes nos habló sobre cómo la sobreexplotación y la apropiación del trabajo femenino es indispensable para mantener el régimen de acumulación.

En esta dinámica la mujer entendida como madre y ama de casa es la “fábrica” de la mano de obra. Por ejemplo, nos comentó que Silvia Federicci considera que la explotación de las mujeres, sobre todo en el ámbito de la producción de seres humanos como fuerza de trabajo, es el origen de la acumulación originaria del capital, cuya importancia es equivalente a la época de colonización occidental.


Iraís también nos habló de Maria Mies, y cómo comúnmente son las mujeres, no los hombres, la mano de obra óptima para el proceso de acumulación capitalista a escala global porque estamos definidas universalmente como “amas de casa”, no como trabajadoras. Esto implica que en nuestro trabajo, se minimiza y se oculta.


Nosotras, asumiendo este discurso que se ha normalizado desde hace décadas, no logramos ver nuestro trabajo y nuestras contribuciones a la reproducción de la vida, incluso sin ser madres (también desarrollaremos este tema más adelante).


Y peor aún, si le agregamos la enemistad entre mujeres, que también ha sido aprendida desde hace generaciones y que también contribuye activamente a mantener el sistema político y económico en el que vivimos, pocas posibilidades nos quedan de dimensionar lo que estamos viviendo colectivamente.

En fin, atentar contra la vida de las mujeres, aislarlas unas de otras, normalizar la explotación de sus cuerpos con discursos de amor y heroínas sacrificadas, son solo herramientas que permiten que el sistema económico y politico en el que vivimos siga reproduciéndose.

Algunos de estos son solo ejemplos de violencia directa que, aunque son terribles y lamentables, no son el problema de fondo.

Más adelante, siguiendo la charla con Iraís, publicaremos sobre la violencia estructural.





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